miércoles, 23 de mayo de 2012

DE PUÑO Y LETRA - "MALDITOS BASTARDOS" de ENRIQUE LUNA


MALDITOS BASTARDOS

Fue adoptado, y brilló de nuevo la luz del alba en aquella pequeña vida.
Poco a poco, iba olvidando la muerte de sus padres, los malos momentos en aquel triste orfanato, incluso fue borrando de su mente a aquel hombre que le ayudó y protegió durante la última parte de su encierro.
Todo cambió ante una familia de verdad. Papá, Mamá y sus dos nuevos hermanitos. Quizás todo el camino recorrido no había sido más que un error subsanable por la mano del destino.

Qué equivocado estaba.
Empezó a comprobar que el amor se transforma en miedo cuando Papá se quedaba a solas con él.
Primero fueron los golpes sin motivo. El pequeño intentaba agradarle de cualquier forma. Intentaba entenderlo. Intentaba no repetir aquello por lo que recibía dolor. Nada funcionó, y los golpes se fueron transformando en copiosas palizas que, envueltas en el manto de silencio que rodeaba al niño, fueron disfrazadas de accidentes y torpezas.
Tanto dolor sentía que, lentamente, fue distanciándose de los demás miembros de aquella familia. Solamente Papá se acercaba a él, y únicamente el pánico era su compañero.

Una mañana de domingo, después de haberse marchado Mamá y los chicos a la iglesia, Papá fue a la habitación del pequeño. El niño gemía levemente, recordando los latigazos del día anterior y anticipando lo que sucedería.
A patadas fue empujado por el camino que llevaba a la granja de los vecinos, y al llegar a la mitad del camino, justo donde el riachuelo giraba en dirección a la salida del sol, aquel hombre, ejemplo de cordialidad entre sus conciudadanos, amante marido, dulce padre de dos preciosas criaturas y solidario adoptante de un niño con problemas,
introdujo su mano en uno de sus anchos bolsillos del pantalón de trabajo y extrajo un saco. Con sus fuertes manos desnudas, agarró al niño y lo metió en el saco, después arrancó una rama de la higuera y descargó todas sus frustraciones contra el bulto forrado de arpillera que una vez quiso ser parte de su familia.
Una vez que el saco no se movió más, que no gimió, que no respiró, levantó una piedra grande del camino, y golpeó allí donde debía estar la cabeza del pequeño, convirtiendo su rostro en un amasijo de sesos, sangre y lágrimas. Con su navaja bien afilada, rebanó, uno a uno, los deditos del desgraciado chiquillo, guardando los sangrientos trofeos, que luego daría de comer a sus cerdos, en uno de sus bolsillos. Finalizada su faena, buscó en un hueco del árbol una soga que había escondido unos días atrás.
Abrió el saco, puso la soga alrededor del cuello del niño, cerro el saco, y colgó el despojo de una rama baja, con la intención de que las alimañas acabarían con lo que una vez respiró, soñó y amó, y ahora no era más que un guiñapo.
Después, marchó por el camino, tranquilo, rumbo a la iglesia a recoger a Mamá y los chicos.


Una semana y media después, una mujer que paseaba por el río con sus tres hijos, se detuvo bajo aquella higuera a merendar y disfrutar de la puesta de sol.
Allí encontró el final de la historia.


Este relato es ficción, pero no se ha acabado. Os pido que cerréis los ojos, que lo repaséis en vuestra mente, y que cuando hayáis acabado…


…cambiéis la palabra NIÑO, por la palabra PERRO.
Ese relato, no es ficción.


                                                                                     Enrique Luna
                                                                                       -EL CASTOR-

martes, 22 de mayo de 2012

LA VUELTA A EUROPA EN AVIÓN. UN PEQUEÑO BURGUÉS EN LA RUSIA ROJA de MANUEL CHAVES NOGALES


En agosto de 1928, Manuel Chaves se embarca en un viaje en avión por Europa con la finalidad de escribir una serie de reportajes para el periódico del que es redactor jefe, Heraldo de Madrid. De Madrid a Bakú, pasando por Berlín y Leningrado: del Mediterráneo al Caspio.

Chaves fue pionero en utilizar los adelantos técnicos de la época, como el avión, para ofrecer a sus lectores testimonios de primera mano sobre la situación política y social de algunos de los principales países europeos.
En 1929, Chaves ampliaría el material publicado en Heraldo, restauraría las partes que habían sido censuradas y lo publicaría en forma de libro con el título de "La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja". El subtítulo estaba plenamente justificado: más de la mitad del volumen está dedicado a su periplo ruso, que había aprovechado para familiarizarse con las condiciones de vida del pueblo ruso bajo el régimen bolchevique y para entrevistarse con personajes como Ramón Casanellas, el asesino de Eduardo Dato.

Las páginas de este libro tienen ya la brillantez de quien se convertiría en el más destacado periodista español del siglo XX.

El interés por la obra del periodista y escritor Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) se acrecienta con el tiempo. De hecho, tras pasar por un purgatorio de décadas de olvido, la obra del autor sevillano atrae a muchos lectores deseosos de conocer de primera mano los tiempos convulsos que le tocaron vivir. Porque Chaves Nogales trazó un retrato tan fiel como trágico de unos años de guerras y revoluciones. Su mirada honesta y documentada, así como su estilo preciso y ágil, refuerzan el atractivo de sus obras.

Precisamente, la Feria del Libro de Sevilla, que concluirá el próximo 20 de mayo, está dedicada este año a Chaves Nogales. El Centro Andaluz de las Letras, dependiente de la Consejería de Cultura, promueve, junto a la Diputación Provincial de Sevilla y la Fundación José Manuel Lara, un ciclo en torno a la figura y obra del escritor. Bajo el título “Manuel Chaves Nogales. Del olvido al mito”.

"Lo que me interesa de Chaves Nogales es que es un periodista que consigue salvarse del clima extremista. No está en las filas radicales de la izquierda ni de la derecha. Consigue una ecuanimidad, una distancia crítica y una mirada lúcida sobre lo que está pasando", señala el periodista José Andrés Rojo en referencia al libro La defensa de Madrid (Espuela de Plata). "Chaves Nogales cuenta los horrores de la guerra y cómo la guerra no respeta a nadie. Padece el general Miaja por su familia; padece la gente de la calle, a la que le caen bombazos; padecen los que no tienen que comer. Eso lo cuenta muy bien. Chaves Nogales mira a la gente más allá de las ideologías y las grandes causas", concluye Rojo.

Por su parte, Alfredo Valenzuela cree que "Chaves Nogales responde al principio de que el talento es inocultable, que puede estar 60 años oculto, pero que al final siempre hay un lector avisado que enciende la alarma y dice: este escritor tiene interés". Valenzuela termina con unas palabras del escritor Andrés Trapiello: "Chaves Nogales es el periodista español más importante desde Larra".

España es un país que ha dado excelentes periodistas desde los tiempos de Mariano José de Larra, prácticamente desde la fundación del oficio. La razón es sencilla: cuando no existen universidades suficientes, cuando la literatura y el ensayo, a excepción del teatro, única actividad que daba réditos, ni siquiera se constituían como una industria raquítica, era el periodismo una de las pocas salidas, la otra era el funcionariado, en la que alguien con ínfulas de escritor podía ejercer su supuesta pasión. El periodismo tenía, además, la ventaja de estar cerca de los círculos del poder y siempre cabía la posibilidad de conseguir alguna prebenda. No de otra manera se entienden nombres como los de Corpus Barga, ya citado, o de Josep María de Sagarra, que hizo unas crónicas del naciente fascismo muy buenas, o el de César González Ruano, extraño deudor de un Baudelaire y un Oscar Wilde profundamente cínico inventados por él, gentes que nada tienen que perder si las colocamos junto a Hemingway, Dos Passos, Ilya Ehrenburg, Vassily Grossmann o Saint Exúpery. Desde luego, por los reportajes de aventuras, no cabe dudar que Chaves Nogales alcanzó la categoría otorgada a Albert Londres.

Este libro recién publicado es una crónica accidentada del viaje que Chaves Nogales realizó en 1928 para Heraldo de Madrid, del que era redactor jefe, a Bakú pasando por ciudades como el Berlín de Weimar y Leningrado y su experiencia con el estalinismo: la mitad del libro está dedicado a Rusia. No era para menos. El país estaba de moda, no en vano era la patria del socialismo, del hombre nuevo, y no había escritor, intelectual o periodista que, de una u otra manera, no nos contara su viaje a la URSS. Era una cita obligada, uno de los grandes tópicos de la época. Chaves lo hizo, entre otras cosas entrevistó a Ramón Casanellas, el que mató a Eduardo Dato, y aquello que contó, y que también describió en “El maestro Juan Martínez que estaba allí”, en “La bolchevique enamorada” y en “Lo que ha quedado del Imperio de los Zares”, tiene su importancia porque prefigura la que es su obra más terrible, en lo que nos concierne, “A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España”, uno de los alegatos más hermosos, lúcidos y terribles que se han escrito sobre la estupidez, la brutalidad y la sinrazón de nuestra guerra.

Chaves Nogales viajó a la URSS, también a la Alemania nazi, entrevistó allí a Joseph Goebbels, donde se percató de los trabajos forzados en el naciente Reich, y de esa experiencia, y temor, de los totalitarismos nació la rabia de esas páginas, donde Chaves, prefigurando a Erich Fromm, vio el miedo a la libertad subyacente en esos movimientos y lo que podía derivarse de ese atávico miedo. El que fuera su país el campo de experimentación de los totalitarismos le dejó tocado pero su reacción, al contrario de su amigo político Manuel Azaña, que se derrumbó, ahí está La velada de Benicarló, esa experiencia le amplió su concepción ética del mundo y luchó en París como sabía hacerlo, en publicaciones como Candide o L`Europe Nouvelle, hasta que la invasión alemana, la GESTAPO le buscaba como pieza a cazar, le obligó a exilarse a Londres, donde colaboró en el Evening Standard y en la BBC. Por allí andaba también Arturo Barea.

El libro no alcanza la maestría de “ Juan Belmonte… “ biografía ejemplar en lo que tiene de pura literatura, ni el dramatismo de “ A sangre y fuego”, pero en los reportajes que contiene va uno percatándose del valor de una personalidad única, del modo tan inusual que tiene con enfrentarse al tópico, una de las muertes del periodismo y, desde luego, la principal en la literatura, y sacar de allí una distinta manera de mirar. Manuel Chaves dijo de él mismo que había sido un lujo excesivo, como español, con aquellos que habían sido los asesinos de su país.

Manuel Chaves, el antisectario… Este libro es una lección, como todos los suyos, de ese principio rector.


  • La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja
  • Manuel Chaves Nogales 
  • ISBN  9788492663613
  • Última edición  mayo 2012
  • Páginas  288
  • Idioma  Castellano
  • Formato  20x12,5
  • Precio  18.95 €








Fuentes:

martes, 15 de mayo de 2012

ENTRE BESTIAS Y HÉROES. LOS ESPAÑOLES QUE PLANTARON CARA AL HOLOCAUSTO de JOSÉ MANUEL DIEGO CARCEDO




Diplomáticos que se jugaron su carrera, su prestigio y todos sus bienes, guardias civiles y hasta religiosos que desoyeron las doctrinas oficiales del franquismo y de la Iglesia católica, taxistas que sobornaban a policías en la frontera y muchísimos ciudadanos anónimos que pusieron en riesgo sus vidas y las de sus familias para ayudar a los judíos errantes, perseguidos por la brutalidad nazi.



A todos ellos ha dedicado Diego Carcedo su libro “Entre bestias y héroes. Los españoles que plantaron cara al holocausto” por el que ha sido galardonado con el premio Espasa de Ensayo en su XXVIII edición, tanto me han impresionado las historias casi perdidas de estos auténticos héroes olvidados que, aprovechando que tiene tanto en común con la novela de Wagenstein que estamos leyendo, no quería perder la oportunidad de recomendarlo.




Periodista e historiador, José Manuel Diego Carcedo empezó a trabajar para Televisión española en 1974 donde participó en el mítico programa “Los Reporteros”. Fue corresponsal en Lisboa, desde donde fue testigo directo de “La revolución de los claveles” y Nueva York para la misma emisora, además de enviado especial en varios contextos de guerra como Vietnam. Desde 2006 preside la Asociación de periodistas europeos. A lo largo de su carrera ha publicado “Neruda y el barco de la esperanza”, “El Schindler de la guerra civil”,” Sáez de Santamaría, el general que cambió de bando”,” 23 F, los cabos sueltos”,”Un español frente al holocausto” y “Fusiles y claveles”, entre otros libros.

Diego Carcedo nos relata en este libro la historia de algunos españoles que enfocaron su vocación altruista y humanitaria en la ayuda a los judíos, principales víctimas del plan de exterminio nazi de mediados del pasado siglo. Protagonizan estas páginas funcionarios más o menos afectos al Régimen, que desempeñaban su tarea en diversos países de Europa, pero también profesionales y ciudadanos anónimos. A partir de una “interpretación muy flexible” de las consignas gubernamentales, y beneficiándose de las privilegiadas relaciones entre la Alemania nazi y el gobierno del dictador Franco, algunos de estos representantes de la administración franquista, actuando de espaldas al Régimen,  lograron que muchos judíos fueran considerados súbditos españoles en virtud de su condición (supuesta o real) de sefardíes aludiendo a "un antiguo decreto que había aprobado Primo de Rivera, concediéndoles pasaporte español a los descendientes de los judíos expulsados de España en 1492", comenta Carcedo.





Francisco Ponzán Vidal
En palabras del autor  «Sin duda actuaban al margen del régimen franquista, afín al nazismo. El Franquismo no hizo casi nada y podía haber hecho mucho para salvar vidas. Luego intentó capitalizar lo que hicieron algunos de sus diplomáticos muchas veces por su cuenta. Incluso lo que hicieron algunos diplomáticos fue castigado cuando se supo en el Ministerio de Exteriores, particularmente en los tiempos de Ramón Serrano Súñer, un declarado antisemita, como ministro. Los particulares que ayudaron a judíos lo hicieron a escondidas y sabiendo lo que se jugaban. Alguno tuvo que huir de España. Y entre los que lo hicieron desde fuera, desde el exilio, alguno acabó pagando con su vida. Fue el caso del anarquista asturiano, de Oviedo, Francisco Ponzán Vidal el cual desde su exilio en Francia montó una red clandestina para ayudar a los judíos a pasar a través de los Pirineos a España. Cuando fue descubierto fue detenido, fusilado por los nazis y sus restos quemados en el incendio intencionado del bosque donde se llevó a cambio la ejecución. Ponzán había nacido en Asturias pero estudió Magisterio en Huesca, donde había ejercido de maestro. En Aragón le rindieron homenajes. Le consideran un héroe. En Asturias sin embargo, hasta donde yo sé, se ignora su existencia.».
El propio Carcedo comenta cómo en España «aunque parecía neutral», los sectores oficiales del Estado y la Iglesias apoyaban a los nazis «porque debían a Hitler los favores que hizo a Franco para poder ganar la Guerra Civil».

Ángel Sanz-Briz
Por este motivo, para los judíos cruzar la frontera española «era peligrosísimo y solamente la ayuda de diplomáticos como Propper de Castejón en Francia o la valiente actuación de Ángel Sanz-Briz en Budapest y muchísimos ciudadanos anónimos les salvó de una muerte segura».

 hermanas Touza
Entre los valerosos, Carcedo recuerda con especial cariño la actuación de las tres hermanas Touza, cantineras de la estación de Ribadavia (Orense), que ayudaron a decenas de refugiados a pasar a Portugal a través de la frontera del Miño. « Los pastores, aunque cobraban, ayudaron a los judíos a cruzar los Pirineos y hasta un guardia civil tuvo compasión y se apiadó de una familia judía».

Sobre la cuestión del número de vidas salvadas por estos “Héroes anónimos” el autor respondía , «No hay manera de precisar el número. Utilizando cifras de algunos investigadores, que yo no me atrevo ni a rechazar ni a aceptar, entre 30.000 y 60.000. Pero podrían haber sido muchas más si el Régimen no se hubiese mostrado tan proclive y tan amigo de Hitler. Claro que Franco tenía muchas razones para estarle agradecido».


Como conclusión me gustaría detenerme en el periplo de un personaje que me ha llamado poderosamente la atención, leyendo sobre la actuación particularmente heroica de Aristides de Souza Mendes, Cónsul de Portugal en Burdeos y único personaje no español que aborda el ensayo aunque colaborase con españoles, y que consiguió salvar mas de 30.000 refugiados, casi la mitad judíos, firmando visados gratuitamente para que pudieran escapar de Francia tras la invasión de la Alemania Nazi.
                 Aristides de Souza Mendes


Aristides de Souza Mendes (Cabanas de Viriato, 19-VII-1885 / Lisboa, 3-IV-1954).

Nace en el seno de una familia católica, conservadora, monárquica y aristocrática. Su padre era juez en el Tribunal Supremo de Portugal, pero Sousa se decantará por la carrera diplomática. Se licencia en Derecho por la Universidad de Coimbra en 1907, junto con su hermano gemelo César, que también estudió Derecho y llegó a ser Ministro Plenipotenciario de 2ª clase bajo el régimen de Salazar. En 1908 se casa con su prima Angelina, con quien tendrá 14 hijos nacidos en los diferentes países a los que le lleva su carrera diplomática.

En 1940 Mendes era Cónsul general de Portugal en Burdeos; llevaba 30 años dedicado a su carrera, su esposa Angelina y sus 14 hijos. Ver a tantos refugiados le inquietaba pues el sabía cosas que ellos ignoraban. El Presidente de Portugal, Salazar, a través de la Circular 14 había dejado claro a todos los diplomáticos que bajo ninguna circunstancia podrían expedirse visados contra los enemigos de Alemania:  “a extranjeros de nacionalidad indefinida, contestada o en litigio; los apátridas; los judíos expulsados de su país de origen o del país del cual sean ciudadanos”.

Hasta el 10 de mayo había sido posible obtener visados, pero tras la invasión de Holanda y Bélgica por Alemania, el gobierno de Portugal prohibió el paso por el país para refugiados, en particular los judíos. La orden del Presidente Oliveira Salazar era determinante: “No deben emitirse visados a hebreos ni a otras personas indeseables”.

En esos días Sousa conoce a Jaqcob Kruger, un rabino polaco al que ofrece un visado quien lo rechaza si no se ofrece también a todas las familias judías. Sousa no podía descansar pues era un buen católico y una gran persona que sentía que no podía dar la espalda a los refugiados. Así decide dar visado a todo aquel que lo pidiera y sin coste alguno; al personal de la embajada les dijo:

“Mi gobierno rechazó todas las solicitudes de visados, pero no puedo dejar que toda esta gente muera. Nuestra constitución dice que la religión o la nacionalidad del hombre no pueden ser usadas en su contra. Decidí actuar según este principio. Voy a conceder visado a todo aquel que lo solicite, e incluso si me despiden por ello, no puedo actuar sino como católico y según lo que me dicte la conciencia, si hay que desobedecer, prefiero que sea a una orden de los hombres que a una orden de Dios.”.

Expidió más de 30000 visados en tres días, del 17 al 19 de junio de 1940 no pudo dormir y las manos le sangraban por firmar los documentos sin descanso. El resultado fue  12000 visados a los judíos y el resto a otras gentes.

A pesar de que Salazar tomó medidas contra el cónsul rebelde, Sousa continuó su actividad en Bayona entre los días 20 y 23 de junio de 1940 en presencia del vice-cónsul y de dos funcionarios de Salazar que nada pudieron hacer para parar la concesión de visados. El 23 de junio Salazar le cesará de su cargo de cónsul pero Aristides, lejos de cejar en su empeño, continuó emitiendo visados a todos los que se encontraba de camino a Hendaya. Durante todo ese proceso recibió la colaboración del diplomático español Eduardo Propper de Callejón, también reconocido tras su muerte como “Justo entre las Naciones”, que proporcionó los visados para el paso por España.

Salazar envió varios funcionarios a recoger a Aristides. Sin embargo, Sousa Mendes logra cruzar la frontera francesa junto con otros refugiados y llegar a España. Debido a los deficientes medios existentes para la comunicación los guardias de la aduana española no habían sido avisados por Madrid para cerrar la frontera y no tuvieron más remedio que dejar pasar a todos los refugiados que acompañaban al antiguo cónsul para continuar en dirección a Portugal.

A su regreso a Lisboa, le despidieron; ni siquiera se le permitió ejercer como abogado. Hasta se le requisó el carnet de conducir. Le dejaron sin medios para que tanto su familia como el mismo pudieran sobrevivir. Tanto sus amigos como los dirigentes eclesiásticos le dieron la espalda; sobrevivió gracias a la comunidad judía de Lisboa.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, Salazar se felicita por haber ayudado a muchos refugiados. En ningún momento  Sousa volvió a formar parte del cuerpo diplomático.

Sin el reconocimiento público de su labor, Sousa Mendes pasó sus últimos años de vida sumido en la miseria después de vender sus pertenencias a la muerte de su esposa en 1948. Murió olvidado el 3 de abril de 1954 en el hospital de los franciscanos en Lisboa. Fue enterrado con una túnica franciscana.


El 18 de octubre de 1966 el Yad Vashem reconoció a Sousa Mendes como Justo de las Naciones.

Que gran lección para todos los altos estamentos de la iglesia que mientras tanto se dedicaban a ofrecer sermones y homilías para atacar a los judíos de forma despiadada e injusta, por no hablar de la indecente actuación del Vaticano durante el papado de Pio XII.

Nos quedan, por suerte, los actos de estos héroes anónimos, que en contra de la doctrina impuesta, civil o religiosa, se jugaron la vida para ayudar a sus semejantes a escapar de un horror que asoló el mundo durante los años de la II Guerra Mundial.

TÍTULO:  ENTRE BESTIAS Y HÉROES. LOS ESPAÑOLES QUE PLANTARON CARA AL HOLOCAUSTO.

AUTOR:  JOSÉ MANUEL DIEGO CARCEDO.

Fecha de publicación: 25/10/2011

230 páginas

Idioma: Español

ISBN: 978-84-670-3564-3

Formato: 15 x 23 cm.

Presentación: Rústica con solapas

Colección: ESPASA FORUM







A continuación una entrevista con el autor en el programa vespertino dirigido y presentado por Julia Otero "Julia en la Onda", dejo los enlaces directos debajo por si los reproductores diesen problemas:


http://www.ivoox.com/diego-carcedo-presenta-entre-bestias-heroes-ultimo-audios-mp3_rf_871599_1.html

En el siguiente audio puedes escuchar la interesante entrevista con el autor en el programa radiofónico de Onda Cero,  La Rosa de los Vientos,  con motivo de la edición del libro. Especialmente emotiva cuando Diego Carcedo narra de su propia voz los casos que mas le han conmovido :


http://www.ivoox.com/diego-carcedo-su-obra-bestias-heroes-audios-mp3_rf_877536_1.html

Y si queréis además ver al autor charlando sobre lo que le motivó a escribir sobre estos estremecedores acontecimientos, podéis hacerlo en el siguiente enlace del programa "Shalom" de RTVE:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/shalom/shalom-bestias-heroes-holocausto/1358342/

Fuentes:

http://es.wikipedia.org/wiki/Aristides_de_Sousa_Mendes
http://www.ivoox.com
http://www.planetadelibros.com/entre-bestias-y-heroes-libro-53375.html

sábado, 12 de mayo de 2012

CANCIONES PARA EL TIEMPO Y LA DISTANCIA - POR SI SIRVE DE ALGO de DÖRIA



Vaya, vaya...enganchadísimo me tiene, como hace tiempo que no me pasaba, el disco debut de esta banda catalana que tanto éxito (merecido!) de crítica y público está cosechando con su primer disco de estudio,  "Despertar",  tras tan solo poco mas de un año funcionando como grupo y que se postula como uno de lo mejores lanzamientos nacionales de los últimos tiempos. 

Y concretamente este tema "Por si sirve de algo", me entusiasma y creo que se ajusta perfectamente a la idea con la que creé esta sección, pues no solo suena impecable (es autoproducido!!) y el nivel instrumental es altísimo, sino que cuenta una historia absolutamente emocionante y desgarradora de una manera muy original, y esto, al fin y al cabo es lo que buscamos en este pequeño rincón musical.

Desde aquí les deseo la mejor de las suertes y una larga carrera, desde luego mejor no podían empezar, se lo merecen.

Espero que os guste!



DÖRIA  - POR  SI  SIRVE DE  ALGO



Parece que esto al fin acaba...
he dado todo lo que podía dar.
Solo queda cerrar los ojos,
ya quería yo dejar este lugar.
Quizás mientras llega la hora,
podría tratar de hacer reconciliar
Mi lado mas mudo y sincero
con el de perro fiel y servicial...

La sangre que mancha mis manos
alguna es mía, el resto la gané.
La encuentro ahora tan igual
de quién es cada cual no lo sé ver.
No sé si es el mejor momento,
pero comienzo a querer comprender...
A ver si es que el telón cayendo
está arrastrando el velo de mi fe.

¿Porque me empujan a robarles
la tierra y el pan a hombres con tan poco como yo?
¿Si en casa  matar  inocentes es de infames y bastardos
porqué fuera lo llaman valor?

Corté decenas de cabezas para hacer cambio de pieza en un tablero de arena y sal.
Y me doy cuenta
que después de la tormenta sigue todo igual,
distinta agua, pero el mismo mar...

Se suponía que no iba así
que ahora debía llegar a mi la paz.
Sin embargo yazco sin
poder seguir la cuenta de lo que hice mal.

Busco el recuerdo del momento
en que cedí y me deje convencer.
De que la gloria de los héroes, bien vale
lo que en la guerra pudiera yo perder.

¿Cómo pudieron los escudos y banderas hacerme
luchar a ciegas sin temer perder o arrancar la piel
de marionetas desprovistas de cordura?
¿Y las marcas de sutura de cuando extirparon
la mía también?

Y por si sirve de algo,
reconozco que he sido un idiota
y me deja el alma rota no poder volver atrás.

Para obligar a aquellos perros traicioneros
a tragarse tantos cetros
como vidas me obligaron a quitar...


miércoles, 9 de mayo de 2012

LEYENDO "ADIÓS, SHANGHAI" DE ANGEL WAGENSTEIN




Dos músicos, el oboe y el corno, recogieron sus partituras, soplaron sus velas y salieron en silencio: es éste el rito cuando se interpreta la Sinfonía de los adioses de Haydn.

Pero, para su mayor sorpresa, detrás de los bastidores los esperaban varios soldados de las tropas de asalto, en uniforme, que agarraron sin contemplaciones a los músicos y los arrastraron afuera. Naturalmente, los dos intentaron oponer resistencia y comprender lo que pasaba, pero un jefe, vestido con pantalón bombacho y calzado con botas lustrosas, se puso sonriendo el índice ante los labios: «¡Chist, silencio, no perturbéis el concierto!». Y no hubo malicia en sus palabras, no, sólo una exhortación benévola, poco menos que amistosa. Al fin y al cabo, amiguitos, esto, comprendéis, no es una havra judía, sino una prestigiosa sala de conciertos, así que, como quien dice, no nos faltemos el respeto.

Sin quitar el arco de las cuerdas, Theodor Weissberg vio a través de las llamitas de las velas cómo detrás de los bastidores los mocetones de camisas pardas conducían a los dos músicos y echó una mirada perpleja al violinista a su lado.

También otros músicos habían advertido lo ocurrido porque una excitación leve, apenas perceptible, recorrió la orquesta. Pero el concierto continuó.
Les tocó el turno al contrabajo y al violonchelo.

Obviamente, los dos músicos ya adivinaban lo que les esperaba, pero el concierto es el concierto: cada uno de sus movimientos era seguido por el público silencioso, que no sospechaba nada. Recogieron sus partituras, soplaron sus velas y echando una mirada angustiosa e interrogante al concertino, salieron con pasos vacilantes del escenario.

Afuera, detrás de los bastidores, lo ocurrido a sus dos colegas se repitió de modo casi idéntico: «¡Chist, silencio, respetad a los compositores arios!».

El oficial de grado inferior se inclinó sobre la oreja de Lothar Hassler:

—¡Es escandaloso que todos esos músicos sean judíos!

—No, no todos. Algunos ni siquiera sospechan que tienen una abuela judía. No importa, ya lo sabrán pronto. Lo que es realmente escandaloso es cómo hemos permitido que Alemania se convierta en una sinagoga... Silencio, ya le toca a él...

El violinista Theodor Weissberg, calificado por la crítica musical de Europa y del otro lado del océano como uno de los virtuosos más dotados de Alemania, recogió su partitura, sopló su vela, la última, y salió con un andar algo rígido. Éste fue el final de la Sinfonía N.° 45 en Fa sostenido menor de Joseph Haydn, llamada «Los adioses». Después el escenario se sumió en la oscuridad.

Hubo un rato de silencio antes de que las arañas de cristal resplandecieran a plena intensidad y que en la sala estallaran los aplausos. Pero los músicos de la orquesta no acudieron para inclinarse.

Éste fue el último concierto de la Filarmónica de Dresde.

                                                                                          Capítulo 2 de "Adiós, Shanghai" de Angel Wagenstein.

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En el siguiente vídeo podéis ver un extracto del documental "Celebrando a Haydn" presentado por Peter Ustinov, donde además de escuchar la celebrada "Sinfonía del adiós" de Franz Joseph Haydn, el el gran actor explica la particular historia de la concepción de la obra y el porqué de su curiosa manera de ser representada en escena. No os lo perdáis!


A continuación, el 4º Movimiento completo y sin interrupciones...
 maravillosa ejecución y un gran sentido del humor, recuperando el sentido de la "performance" ideado por Haydn.

Espero que os guste y que sirva para completar la experiencia de la lectura!