jueves, 19 de abril de 2012

DE PUÑO Y LETRA - "¿NO ES BASTANTE?" de ENRIQUE LUNA

Este artículo va sin ningún diseño, no quiero adornar para nada el texto, esta es una de esas pocas veces donde no deseo buscar la belleza. 

Gracias Enrique, amigo, por decir tantas cosas necesarias.

DESDE MI DIQUE:

“Duras cargas policiales contra estudiantes en Valencia”

El centro de la ciudad de Valencia es en estos momentos un territorio donde se está produciendo una batalla campal sin cuartel entre la policía y los estudiantes que desde el mediodía se han citado para protestar por las cargas del pasado viernes, que acabaron con 11 detenidos, y por los recortes en materia de Educación. Cerca de 300 estudiantes se han concentrado al mediodía frente al IES Lluís Vives para escenificar su malestar. Sin embargo, la policía ha desalojado por la fuerza la concentración y a partir de ahí ha comenzado una guerra de guerrillas con duras cargas policiales, que han llegado incluso a golpear a ciudadanos de a pie que nada tenían que ver con estas manifestaciones. El descontrol se ha concentrado en la plaza del Ayuntamiento y en las calles adyacentes. Los partidos de la oposición han vuelto a exigir la dimisión de la Delegada del Gobierno, Paula Sánchez de León. Esquerra Unida ha presentado una denuncia ante la fiscalía de menores de la Comunidad Valenciana por las cargas del pasado viernes. Son ya diez los detenidos. 
A través de las redes sociales, especialmente Tuenti, los jóvenes y adolescentes de varios institutos de la ciudad se habían convocado para realizar una sentada y corte de la calle Xàtiva de Valencia, en el corazón y frente a la estación de RENFE. Lo que debía ser un acto de protesta con un simple corte de una vía de la ciudad ha derivado en continuas cargas que han provocado el pánico en la ciudad. Partidos como el PSPV-PSOE, Esquerra Unida y Compromís han mandado a militantes de estas formaciones a vigilar de cerca la actuación policial. La policía va armada con escopetas para lanzar balas de gomas e incluso gases lacrimógenos. En una de las cargas ha sido golpeado el fotógrafo de La Vanguardia.”





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¿NO ES BASTANTE?

Bastaba con ir a clase, aprender, culturizarnos.
Bastaba con que el respeto no naufragara al encontrarnos vendavales de idiomas, credos o razas distintas.
Bastaba con ir creciendo, sin prisa, pero sin pausa.
Bastaba con que nuestros padres en casa y nuestros profesores en la escuela nos enseñaran a abrir los ojos a un mundo, en ocasiones cruel, en ocasiones de miel.
Bastaba respirar, pues ya llegarían los momentos de las encrucijadas, de las decisiones, de los errores.
Bastaba la burbuja de protección en la que nos encontrábamos para salir a la calle y ser parte del joven universo en expansión en que nos revolcábamos.
Bastaba tan poco….
Pero todo cambió.

Bastó un ejército de botas para que naciera el miedo.
Bastaron los furgones alineados, los cascos y los escudos, las porras amenazantes, para que nuestro mundo se desmembrara.
Bastaron la fuerza y las manos como tenazas para romper la cadena de compañeros sentados en el paso de cebra.
Bastaron los gritos, la histeria, la falta de comprensión, para sentirnos violados, expuestos, ultrajados.
Bastaron las demostraciones de fuerza, de odio, de dureza injustificada para que el pavor se convirtiera en llanto.
Bastó la sangre corriendo por el pupitre de mi vera, para sentir que todo era mentira, y que el libro que esgrimimos, no era arma arrojadiza, ni siquiera era arma defensiva ante la sinrazón de la agresividad uniformada.
Bastaron los empujones, las bofetadas sin sentido, la violencia desmedida, para saber que el futuro será mucho más crudo que el más negro de los oscuros inviernos.

¡¡Basta!!
Enrique Luna
                                                                    -EL CASTOR-



DE PUÑO Y LETRA - "TIEMPOS DE CAPA CAÍDA" de ENRIQUE LUNA




TIEMPOS DE C APA C AÍDA

En estos días extraños
de crisis, paro y agujeros,
se respira un mal ambiente,
bulle el personal avieso.
Cicateros como ratas,
políticos y banqueros,
nos quieren cortar las alas,
nos retuercen el pescuezo.

El ciudadano de a pie,
harto de andar este infierno,
busca héroes que le amparen,
que le protejan del miedo,
pero ya no hay adalides
que remedien todo ésto,
ni portan capa y espada,
ni se baten sin dinero.
Los paladines de hoy
son deportistas de ensueño.

Para mayor pena mía,
para mayor regodeo,
todos ellos se han vendido
al parné del usurero.
El fútbol come en sus manos,
Popular al baloncesto,
Contador, pasta extranjera,
a Alonso, el más rico cerdo,
Guardiola en el Sabadell,
y CR7 no es menos.

Y cómo me agradaría
que un héroe, afable y sincero,
en público renunciara
patrocinar a estos memos.
Ya se que no serviría
para cambiar sus afectos,
mas como dijo el poeta
Cyrano: “Pero ¡¡¡qué gesto!!!”
                         Enrique Luna
                                                               

miércoles, 18 de abril de 2012

ESTUDIO CYRANO IV. LA OBRA, ANALISIS Y ADAPTACIONES.



CYRANO DE BERGERAC  es un drama poético de capa y espada, realista y también romántico, y es muy notable, aparte de sus otras cualidades estéticas y de su tremendo y persistente éxito, por su magnífica pintura de la vida del París del siglo XVII, bajo Luis XIII, ambiente de espadachines violentos y lánguidas «preciosas ridículas», que Rostand conocía muy bien. Es, al mismo tiempo, una obra curiosamente moderna para 1900.

Por aquel entonces el drama en verso y el estilo de capa y espada pasaban por estar moribundos, y el romanticismo poco menos que extinto.
En aquel París triunfaba el teatro realista, y también tenían éxito obras poéticas y simbolistas; y comenzaban a aparecer en sus escenarios los primeros rusos y escandinavos, sobre todo Ibsen. Había colas ante La vuelta al mundo en ochenta días, y no faltaban melodramas y obras históricas, como La juventud de Luis XIV, de Alejandro Dumas.

CYRANO DE BERGERAC fue escrito a petición del famoso actor Coquelin, cuyo hermano menor, Arnest- Alexandre-Honoré (1848-1909), llamado Coquelin cadet, estaba trabajando entonces en La Princesse Lointaine.

"Coquelin"
Constantin BenoÎt Coquelin (1841-1900), llamado aîné para distinguirse de su hermano, fue uno de los grandes actores de su época; entonces estaba al final de su carrera y quería cerrarla con un broche de oro, que Rostand, obsesionado desde muy joven, según confesión propia, por la figura de Cyrano de Bergerac, le dio de forma inesperadamente memorable. Tan inesperado fue el éxito de CYRANO DE BERGERAC que había faltado dinero para su financiación y Coquelin tuvo que aportar de su propio bolsillo; en uno de los ensayos, Rostand, sombrío, se echó en brazos de Coquelin, diciéndole: «¡Ay, amigo mío, en qué lío tan grande le he metido a usted!»

Rostand escribió CYRANO DE BERGERAC en constante contacto con Coquelin, que exigía más y más papel, y acabó absorbiendo parte de otros papeles; a punto estuvo de desequilibrar la obra con un peligroso exceso de protagonismo.

Rostand comenzó a escribir CYRANO DE BERGERAC en “Luchon”, a donde iba con frecuencia con su familia siendo niño, y también en su juventud, en el número 7 del actual “Boulevard Edmond Rostand”, y lo terminó en el número 2 de la calle de “Fortuny”, en París, donde vivió entre 1891 y 1897.

La obra se representó en el “Teatro de la Porte Saint-Martin”, situado en el número 18 del “Boulevard Saint-Martin”, incendiado y reconstruido en 1873, donde habían estrenado Victor Hugo y Alejandro Dumas y se habían librado grandes batallas románticas, y donde Sarah Bernhardt y Coquelin aîné crearon, respectivamente, los papeles de Cyrano y Chantecler.

Coquelin aîné actuó luego con Sarah Bernhardt en L'Aiglon. Los hermanos Coquelin habían trabajado largos años en la “Comédie Française”; el mayor, el más famoso de ambos y el único que llegó a alcanzar verdadera grandeza en su arte, era muy conocido en toda Europa, sobre todo en Londres, y en nuestra  literatura de la época se le menciona con frecuencia, en competición con Talma, como paradigma de actores.

El primer acto de CYRANO DE BERGERAC, el más eficaz de la obra por su movimiento y color, representa una velada en el teatro del “Hôtel de Bourgogne”, un teatro dentro de un teatro, y en él hace su aparición un imaginario señor de Bergerac, caballero gascón de corazón noble bajo su grotesco aspecto narigudo.
De este teatro aún subsiste, entre la calle “Etienne-Marcel” y la calle “Française”, una torre medieval llamada de Jean Sans Peur. La entrada del teatro estaba en la calle Tiquetonne. Vendido en 1543 y destruido en parte, los cofrades de la Pasión se instalaron allí y, a partir de 1548, dejaron de representar misterios religiosos para dedicarse a las obras profanas. Allí actuaron, entre otros actores famosos, Gros-Guillaume, Gaultier-Garguille, Turlupin, Montfleury, Bellerose  y Jodelet.

Este Cyrano de Bergerac literario es un elocuente hombre de acción que, paradójicamente, se vuelve todo elocuencia e inactividad y no sólo derrocha abnegación para ayudar al barón de Neuvillette a conquistar a la dama Roxana con su ingenio y su elocuencia, sino también para mantener vivo en el corazón de ésta el recuerdo del barón muerto, casi su esposo in extremis.

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                          ¿Un juicio sobre CYRANO DE BERGERAC?


Plumas más sonadas que la mía lo han intentado, con menguado éxito. Es muy difícil juzgar un mito.
El crítico alemán Georg Hauptmann dijo a este propósito: «Sería como juzgar Lili Marlene o La Marsellesa. Ante su perennidad como obra teatral no nos queda más remedio que aceptar que es una obra de arte tan por encima de la crítica como la Venus de Milo o la Victoria de Samotracia, que se ríen de sus detractores. Sólo si fuera posible juzgarla al margen de su éxito de masas —remata Hauptmann— cabría examinarla fríamente, sin riesgo de ser acusado de parcialidad.»
Mutatis mutandis, añado yo, como el Don Juan Tenorio de Zorrilla.

Louis Aragón observa: «Para juzgar el Cyrano de Rostand hay que ser francés; y, aun así...»


ADAPTACIONES 

Han compuesto óperas sobre el CYRANO de Rostand:

Walter Damrosch, norteamericano, estrenada en “Metropolitan Opera House” de Nueva York el 27 de febrero de 1913, con libreto de William J. Henderson. Damrosch, alemán de nacimiento e hijo del compositor Leopold Damrosch, murió en Nueva York en 1950 y se le recuerda más que nada como director de orquesta y profesor de música.

Franco Alfano, estrenada en la “Ópera de Roma” el 22 de enero de 1963. Alfano, napolitano, nació en 1876 y fue el que terminó la obra incompleta de Puccini Turandot. Su obra es rotundamente operática, de gran riqueza melódica y deslumbrante pericia orquestal, y tiende siempre al bel canto, evitando los recitativos.

El estoniano Eino Tamberg, estrenada en 1974.

Paul Danblon, belga, estrenada en el festival de Lieja, en mayo de 1980.


Una pequeña muestra con varios fragmentos de la opera, con Placido Domingo en el papel de Cyrano:




                                     
La filmografía de CYRANO DE BERGERAC no ha sido hasta ahora ni rica ni demasiado brillante, salvo alguna excepción:


Una película muda de Augusto Genina, con Pierre Magnier (1923).


Una francesa, de F. Rives, con Claude Dauphin (1945).


Una norteamericana, de Michael Gordon, con José Ferrer (1950).
Nos detenemos en esta última por ser una de las más importantes,  José Ferrer ganó el premio de la Academia (Academy Award) por este papel, que antes había creado en Broadway. Es un Cyrano recio y lleno de impresionante aplomo. 

A continuación una muestra de la estupenda interpretación de José Ferrer en una de las escenas mas celebradas,el "monologo de la nariz" :



En 1964 el actor puertorriqueño repitió la suerte en la curiosa coproducción franco-italiana Cyrano et d'Artagnan, con guión de Abel Gance, quien, escribiéndolo, «evocó sus sueños de escolar, cuando la voz deslumbrante de Coquelin recitaba las parrafadas de Edmond Rostand que atraían a las muchedumbres al teatro de la Porte Saint- Martin».
Abel Gance, director de cine francés, muerto a los noventa y un años en 1981, es el autor del gran tríptico cinematográfico Napoleón (1927); «prácticamente un compendio de toda la gramática técnica del cine mudo, Napoleón contiene todo cuanto se sabía entonces sobre cinematografía y mucho más», afirma Ephraim Katz.



En 1987, Fred Schepisi  realizó ROXANNE, adaptación moderna del clásico de Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac, contextualizada en la época actual.

Esta cuenta la historia de C.D. Bales (Steve Martin), jefe de bomberos de una pequeña población, es un poeta frustrado que no ha tenido suerte ni con la literatura ni con las mujeres. En el caso de las mujeres, el problema es su enorme nariz. A pesar de ello, no tiene complejos y trata de conquistar a Roxanne (Daryl Hannah), una estudiante de astronomía que prepara su tesis. Pero ella se siente atraída por otro bombero, Chris McDonell (Rick Rossovich), tan guapo como torpe con las palabras. 

La última versión cinematográfica del CYRANO es francesa, de 1990, y promete ser una excepción, ya que toca más resortes que los puramente cinematográficos, al mostrar, junto con una alta calidad de actuación y color, una gran precisión de detalles y ambientación, fruto de excepcional sensibilidad histórica por parte del director, Jean- Paul Rappeneau. Está, además, declamada, más que hablada, lo que da a la obra una hieraticidad que sería muy poco cinematográfica si esta película no se lanzara descaradamente desde su comienzo mismo a matizarse de teatralidad sin por eso desaprovechar las ventajas que le brinda el cine. La principal de éstas consiste en permitir a la acción salirse del estrecho marco físico de sus cinco actos sin abandonar en ningún momento el cauce que impone a sus personajes una acción eminentemente teatral.

Gerard Depardieu es un Cyrano más creíble que José Ferrer: igual de teatral, pero menos espectacular; y Anne Broche, en el papel de Roxana, es un camafeo cuya intemporalidad es muy de su tiempo: un camafeo que saliera de su marco para andar con pasos medidos por un instante eterno.

Orson Welles concibió la idea de adaptar de nuevo al cine la obra de Rostand, también con José Ferrer, y el que no la llevara a cabo es probablemente el único fracaso de una obra que, en su ya larga historia, no ha tenido más que éxitos.


Se quedan en el tintero muchas mas adaptaciones de todo tipo, pero como muestra podemos considerar las anteriores como las mas importantes.


BIBLIOGRAFIA

Existe un buen libro sobre Edmond Rostand:
Les Rostand, por M. Migeo, Stoch, París, 1964.

Sobre Cyrano de Bergerac:
Cyrano de Bergerac, por G. Mongrédien, Berger- Levrault, París, 1964.




Fuentes: 
http://es.wikipedia.org
http://www.imdb.com/
Prologo de Jesús Pardo para la edición del Centenario de Ed.Espasa.

ESTUDIO CYRANO III, SAVINIEN DE CYRANO, SEÑOR DE BERGERAC.


                                               Nariz, nariz, e nariz,
                                                         Nariz, que nunca se acaba;
                                                         Nariz, que se ele desaba,
                                                         Fará o mundo infeliz;
                                                         Nariz, que Newton não quis
                                                         Descrever-lhe a diagonal;
                                                         Nariz de massa infernal,
                                                         Que, se o cálculo não erra,
                                                         Posto entre o Sol e a Terra,
                                                         Faria eclipse total! 

                                                                                          (Manuel María Barbosa du Bocage)

Este epigrama portugués podría referirse al narigudo Cyrano de Bergerac tanto como el «Érase un hombre a una nariz pegado», de Quevedo, si la cronología lo permitiera, porque Savinien de Cyrano de Bergerac, nacido en 1619, difícilmente habría podido ver su apéndice nasal cantado por los autores de estos dos epigramas.

Savinien de Cyrano
Savinien de Cyrano, señor de Bergerac, nació realmente en París, en la esquina de la calle des Deux-Ecus, y no en Bergerac, como quiere la obra de Rostand. La tierra de Bergerac, en Seine-et-Oise, había sido adquirida por su padre, enriquecido en negocios de pescadería, para erigirla en señorío y entrar en la pequeña nobleza provincial francesa. Esa tierra forma parte actualmente del patrimonio Dampierre.

El joven Cyrano se lanzó en seguida a una vida de parranda, juegos y pendencias, hasta que su padre le racionó el dinero y tuvo que entrar en el ejército; recibió varias heridas, la última en el sitio de Arrás, contra los españoles, y hubo de dejar la carrera de las armas y dedicarse al estudio de la filosofía con el filósofo y matemático provenzal Pierre Gassendi, crítico de Descartes y seguidor de Epicuro, cuya teoría atómica trató de reavivar. Parece ser que Moliere fue también discípulo de Gassendi, lo que explicaría ciertos problemas literarios que mencionaremos más adelante.

Muy mellada por sus dispendios la fortuna de su padre, y enfermo de sífilis, Cyrano, a partir de 1645, se dedicó a escribir, y en 1649 se vendió políticamente al cardenal Mazarino, árbitro entonces de Francia.


Estatua en honor a Cyrano, en Bergerac.
Cyrano era habilísimo espadachín, lo que hacía muy peligroso burlarse de su grotesco apéndice nasal, cruz sin remedio de toda su vida. Tanto temor llegó a inspirar que sólo algún provinciano recién llegado a París osaba poner cara de asombro al verle acercarse nariz en ristre. Así y todo, Cyrano salía casi a duelo diario, uno de ellos con el famoso mono Fagotin (sic), al que mató por pensar que se había disfrazado de narigudo para mofarse de él. Fagotin, de fagoter, -vestir mal-, era propiedad del entonces célebre saltimbanqui Brioché, y Moliere y La Fontaine le mencionan. Este extraño duelo tuvo lugar en el Teatro de Marionetas de Brioché, en el número 1 de la calle de Guénégaud.

Su nariz, agresivamente fálica, era una especie de retorcido anuncio de la homosexualidad de su dueño, que, en la obra de Rostand, y probablemente sin que su autor se diese cuenta de ello, se refleja en la ambigüedad erótica con que Cyrano corteja a Roxana a través del enamorado, y luego marido de ésta, barón Christian de Neuvillette, de tal modo que en realidad es éste quien recibe ese amor y lo pasa a la damisela.        (esto lo discutiremos!)

Cyrano fue libertino, librepensador y ateo, muy distinto del que pinta Rostand. Materialista y muy poco romántico, chapucero y superficialmente ingenioso; muy osado en sus actitudes e ideas, por ejemplo sobre el otro mundo, y en su tendencia a poner en duda las ideas vigentes. Su tragedia La Mort d'Agrippine, estrenada en el teatro del Hôtel de Bourgogne, uno de los tres teatros del París de entonces y escena del primer acto de CYRANO DE BERGERAC, causó un enorme escándalo por causa de un verso peligrosamente blasfemo. Muy libre de actos e ideas, su misma venalidad, muy criticada después, fue probablemente una expresión suprema de esta tendencia suya a la libertad.

Cyrano fue siempre marginal, y, en parte, también, marginado. Nunca gozó de gloria, y después de muerto su público fue más bien restringido. Sólo su grotesca apariencia: un hombre a una nariz pegado, despertaba comentarios por doquier y le distinguió realmente de la plebe literaria de su tiempo.

Estudioso y original, con dotes de poeta, Cyrano es autor de relatos fantásticos y obras satíricas y libertinas, algunas difíciles de encontrar actualmente en Francia.
Entre ellas destacan la ya mencionada tragedia La Mort d'Agrippine (1653), en la que Cyrano dio rienda suelta a las tendencias librepensadoras de su tiempo, y la comedia Le Pédant Joué (El Pedagogo Chasqueado, 1654), de la que Moliere utilizó algunas frases en la escena séptima del acto segundo de su comedia Les Fourberies de Scapin.


-Retrato al oleo de Jose Ferrer como Cyrano-
En Le Pédant Joué, el lacayo del joven escolar acaba de comunicar al pedagogo Grangier que su hijo ha sido secuestrado por los turcos cuando cruzaba el Sena para ir de la puerta de Nesle al muelle de la escuela, que actualmente es el Quai du Louvre. Grangier, personaje que está tomado del director del colegio de Beauvais, donde había estudiado Cyrano, colegio cuya capilla existe todavía en el número 9 de la calle de Jean-de-Beauvais, grita cuatro veces: «Que diable aller faire aussi dans la galére d'un ture?»; y, para pagar el rescate, encarga a continuación al lacayo: «Va prendre dans mes armoires ce pour- point découpé que quitta feu mon pére l'année du grand hiver.»

En la obra de Moliere se repite seis veces la frase: «Que diable allait-il faire dans cette galére?», y luego, en la misma escena, y en idéntico contexto: «Tu iras prendre toutes les hardes qui sont dans cette grande manne, e tu les vendrás au fripiers pour aller racheter mon fils.»

Esta evidente imitación de Moliere podría ser un homenaje de éste a un hombre de su generación muerto prematuramente dejando una obra algo escandalosa y notoria que Moliere, nacido en 1622, debía apreciar. Moliere pudo haber conocido a Cyrano entre los discípulos y asiduos de Gassendi, aunque el único testigo que afirma esto es poco fiable. En el último acto del CYRANO de Rostand se evoca a Moliere, en justa reciprocidad.

También puede ser un eco de la muerte de Cyrano el que Moliere haga morir a Scapin del golpe de un martillo que le cae en la cabeza desde lo alto de un edificio en construcción. Lo que mató a Cyrano fue una viga, y no es seguro que fuese un accidente.

Savinien de Cyrano
Cyrano es también autor de dos curiosas obras de ciencia ficción tituladas Histoire Comique des États et Empires de la Lune e Histoire Comique des États et Empires du Soleil, publicadas después de su muerte, respectivamente en 1656 y 1661, de las que hay edición española (la Colección Universal, Espasa-Calpe). En ellas se describen los habitantes y las instituciones de la Luna y el Sol, lo que da pie a Cyrano para hacer sátira política y social.

En el CYRANO DE BERGERAC, de Rostand, Cyrano entretiene al conde de Guiche con historias de viajero estelar, y en un momento de la obra parece citar a Torquato Tasso al decir que en la Luna encontrará a personajes famosos de la antigüedad; sabido es que en el poema de Tasso se afirma que en la Luna está almacenado todo cuando se olvida o se pierde en la Tierra.

Savinien de Cyrano, señor de Bergerac, murió cristianamente, como consecuencia del accidente o atentado referido, el 28 de julio de 1655, en el convento parisino de las Filles-de-la-Croix, cuya priora, Cathérine de Cyrano, era prima suya, y fue enterrado en la capilla. Este convento estaba donde está ahora el número 98 de la “calle de Charonne”.

En 1906, cuando fue demolido el edificio, se buscaron en vano en el antiguo cementerio los restos de Cyrano de Bergerac.

Edmond Rostand recrea bien el ambiente del convento: «El parque de las damas de la cruz se extiende, vasto y umbrío... Avenidas de castaños llegan hasta la capilla, donde se vislumbran, entre las ramas, más lejos, prados y largas avenidas, bosquecillos, las profundidades del parque.»





Fuentes: 
http://es.wikipedia.org
Prologo de Jesús Pardo para la edición del Centenario de Ed.Espasa.


martes, 17 de abril de 2012

ESTUDIO CYRANO II, EDMOND ROSTAND, AUTOR.


Edmond Rostand o el éxito considerado como fracaso

Hay éxitos que acaban con uno, y el caso de Edmond Rostand y “Cyrano de Bergerac” es un ejemplo clásico de esto. 

Edmond Rostand


Edmond Rostand sufrió tan brusco golpe de éxito tea­tral con su “Cyrano de Bergerac” como, en palabras de un crítico francés, «no se había visto otro desde Marcel Pagnol». Su “Cyrano” se convirtió en un mito, en un héroe nacional anclado en el subconsciente colectivo de los fran­ceses. El presidente de la república, Elie Faure, fue a ver la obra con su familia el 6 de enero de 1898, diez días des­pués del estreno, y concedió la Legión de Honor a Ros­tand, súbitamente erigido en redentor del teatro francés.
 

Este éxito perenne, y creciente, de su Cyrano descon­certó por completo a Edmond Rostand, que se sabía con talento, pero no genio, le hizo sentirse supervalorado y le condenó a una especie de perpleja esterilidad.
 

Después del Cyrano, Rostand vaciló largamente entre diversos proyectos grandiosos: Don Quijote, Fausto...
 
…al fin L'Aiglon, estrenado en 1900, drama histórico-psicológico sobre el duque de Reichstadt, contiene, según muchos, su mejor estilo y su más profundo diálogo, pero se pierde en morbosidades y tuvo mucho menos éxito; Chantecler, estrenado en 1910, drama alegórico, compite con el ante­rior en cuanto a calidad, pero tampoco pegó fuerte, y mu­chos lo consideran «inteatrable». Finalmente Rostand se refugió en Don Juan: su Derniére nuit de Don Juan, obra póstuma, recibió recientemente la atención del poeta Raymond Roussell, que le dedicó un inteligente estudio, pero esto no ha bastado para sacarla del olvido.
 
 
Edmond Rostand es Cyrano, y esta coyunda desigual fue causa de la neurastenia progresiva que complicó con achaques psicológicos su enfermedad pulmonar y le in­dujo a alejarse de París a partir de 1900 para huir de una fama que le abrumaba y era objeto de toda clase de chis­tes y críticas crueles tanto como de elogios desmedidos: «No hay un solo anacronismo en Cyrano —escribió Ros­tand a un crítico erudito— que yo no conozca perfecta­mente, y hasta podría añadir dos o tres a la lista de usted.» En otra ocasión se queja de que no había un solo ensayo, artículo o comentario sobre Cyrano de Bergerac como per­sonaje histórico que no empezase recomendando «no con­fundirle con el personaje ficticio de Edmond Rostand».


Rostand pasó el resto de su vida, como su otro perso­naje, el duque de Reichstadt, torturado por sueños de glo­ria inalcanzables. «A mí —dijo en una ocasión—, entre la sombra de Cyrano y las limitaciones de mi talento, no me queda más solución que la muerte.» Y la muerte le llegó prematuramente, por causa ostensible de una gripe contraída durante las festividades de la victoria francesa en la primera guerra mundial, pero, contra lo que se dice, no fue en su finca de Cambó, donde vivía ahora, sino en París, en el número 4 de la avenida de Bourdonnais, su último domicilio, el día 2 de diciembre de 1918.

Sus últimos años fijaron su iconografía para la posteri­dad: monóculo, bigote fino como trazado a lápiz, calvi­cie precoz, arrogancia apuntalada por intachable y algo rebuscada elegancia, y una mirada de reto que ocultaba su creciente perplejidad ante tan desmedido éxito. 

Edmond Rostand nació en Marsella, en el núme­ro 14 de la calle que ahora lleva su nombre, el 1 de abril de 1868, y estudió en el instituto de esa ciudad. Fue bri­llante alumno, niño solitario y silencioso, obsesionado desde muy temprano por la literatura, y, sobre todo, por el teatro, sin que una periférica licenciatura en Derecho bastara para desviarle de su propósito obsesivo, que era escribir. 
Procedía de la alta burguesía culta: su padre fue fecun­do especialista en cuestiones sociales, poeta y autor de una, al parecer, buena traducción de Cátulo; y un tío suyo era banquero y compositor.
 
Rosemonde Gérard

Conoció a su mujer, la poetisa Rosemonde Gérard, des­cendiente del mariscal napoleónico del mismo apellido, en el salón literario del poeta Leconte de Lisie. Rosemonde Gérard tenía tres años menos que él, y murió treinta y cinco años después que él, en 1953: «Siempre he vivido —dijo al morir— a la sombra de Cyrano de Bergerac; mo­mentos hubo en que no sabía de quién era viuda: si de Edmond Rostand o de Cyrano de Bergerac.»
 

Fiel a esta tradición familiar, Edmond Rostand la con­tinuó en la persona de sus dos hijos. Maurice Rostand, nacido en 1891 y muerto recientemente, fue también autor de dramas en verso: La Gloire (1921), Le Secret du Sphinx(1924), El Proceso de Oscar Wilde (1948) y de poemas y novelas. Y Jean, nacido en 1894 y muerto también hace poco tiempo, fue biólogo eminen­te, ensayista y moralista, escritor de talento y sinceridad: su idea central era que, ante la moderna ciencia biológi­ca, es imposible aceptar una explicación espiritual del universo; sus principales obras son: Le Journal d'un Charactére (1931), L'Aventure Hwnaine (1933-1935), Jour­nal d'un Biologiste (1939) y La Vie etses Problémes, tam­bién de 1939. 

Antes del éxito de Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand había tentado ya el teatro con variada fortuna, aun­que su estreno literario, si prescindimos de esfuerzos anteriores frustrados o inéditos, fue un libro de versos, Les Musardises, que hubo de editarse con dinero de su bolsi­llo y no se vendió nada, aunque consiguió algunas críti­cas favorables y acabó siendo muy vendido. Este libro, escrito en torno a su prometida, es muy desigual, y su tí­tulo viene del verbo musarder, que, en definición del pro­pio Rostand, significa «perder el tiempo en cosas de nada».
 

Uno de sus poemas comienza con este verso:
 

II fait un temps si beau que l'on n'ose pas vivre,
 
(El clima es tan hermoso que no nos atrevemos a vivir)

y termina:
 

car le temps est si beau que l'on pense aux morts. 
(porque el tiempo es tan hermoso que pensamos en los muertos)


Antes del Cyrano de Bergerac, Rostand había es­trenado tres obras de teatro: Les Romanesques, en 1894, variaciones en torno al tema de Romeo y Julieta; Shakes­peare más vaudeville. Tuvo éxito y la crítica elogió su ori­ginalidad y destreza teatral. 
Sarah Bernhardt
La Princesse Lointaine, estrenada en 1895, enamoró a la gran Sarah Bernhardt, dictadora entonces del teatro pa­risino, que la estrenó contra viento y marea. La obra no tuvo eco, y perdió doscientos mil francos, debido al fas­to con que había sido montada. 
Sarah Bernhardt no perdió la fe en su protegido, y aco­metió su obra siguiente: La Samaritaine, estrenada en 1897 y mejor acogida por el público. Esta fe, Rostand se la re­compensaría al brindarle, con L 'Aiglon, uno de los pape­les más triunfales de toda su carrera: el Aguilucho, fue hijo de Napoleón; no éste, con mucho, el primer papel masculino de la gran actriz, que hizo famoso su Hamlet, y también hizo alguna vez el papel de Cyrano, alternándolos con el de la amante lejana de éste, Roxana.




Fuentes:
Prologo de Jesús Pardo para la edición del Centenario de Ed.Espasa.
Wikipedia.